| Está
de más decir que Talleres atraviesa la crisis más
grande de su historia apadrinada por gerenciadores a los que
no se les cae una sola idea, y que a esta altura, sus gestos
demagógicos de apelar a súper héroes, no
pueden tapar su inconmensurable incapacidad dirigencial.
Sin
importarles que Talleres está muy cerca del Argentino
A como resultado de lo que es la peor campaña de su
existencia como institución, han usado un escudo llamado
Gareca para seguir escondiendo tanta inutilidad y protegerse
de las merecidas críticas que llueven del mundillo
futbolístico nacional.
El
popular Tigre, quien tuvo el apoyo de los hinchas
por haberle ganado a Belgrano en forma agónica y con
el último penal la final del campeonato de ascenso
1998, debió poner el pecho durante esta interminable
seguidilla de partidos con pésimos resultados, cuando
era evidente que nada iba a cambiar, como no ocurrió
en el 2001, cuando el mismo técnico obtuvo otro record:
ocho partidos perdidos y uno empatado, hasta ese momento la
peor campaña que la T había realizado, y cuya
pobrísima cosecha terminó depositando los colores
albiazules en la B Nacional, ya que el pobre promedio no se
pudo levantar ni con el tercer puesto obtenido en el Clausura
del 2004.
Está
visto que la falta de imaginación y la demagogia de
su principal gerenciador no conoce de límites. Sigue
apelando a los fantasmas del pasado para torcer un destino
que si depende de su ingenio parece irreversible. Pretende
traer a JJ López, entrenador con poca experiencia en
la categoría, con quien Talleres tuvo un veranito que
terminó con la tempestad que hizo naufragar el barco
albiazul en las frías aguas de la B Nacional tras perder
increíblemente las 2 finales con Argentinos Juniors
(cuarto equipo de la B) cuando tenía todo a favor,
localía y ventaja deportiva.
Esta
dirigencia pegando un manotazo al pasado, también incorporó
a Diego Garay y al goleador Piriz Alvez quien
no ha concretado ni un sólo gol desde su regreso.
Invito
a los hinchas a que imitando la habilidad de idealizar el
pasado que posee nuestro gerenciador, roguemos al espíritu
de Angel Amadeo Labruna, o al de los maestros Bravo y Pedernera
para que los delanteros de Talleres sean poseídos por
las almas de Bocanelli, Bravo y Cherini, que los mediocampistas
hagan lo propio con las de Ludueña, Cabrera y Valencia
y que nuestra floja defensa sea la reencarnación de
Ocaño, Galván, Oviedo y Astudillo.
Y
si de pedir milagros se trata, lo último que podríamos
soñar es que el actual gerenciador de Talleres se ilumine
con el 10% de las ideas revolucionarias de Amadeo Nuccetelli
y deje de ampararse en el escudo de lo que ya pasó,
no siga nutriéndose del vencido plato de lo que ya
fue, deje de devastar el semillero y designe un técnico
que no aparezca en los libros de historia antigua albiazul,
que conozca los secretos de la divisional y que se mantenga
en el cargo por sus capacidades, no para proteger con su falsa
espalda de prócer y súper héroe la debilidad
de una dirigencia que apeló a todo tipo de recursos
para sentarse en un sillón que le queda inmensamente
grande.
Gustavo
Gerdel
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